FlamenConsciente “Dual”

            Como cada año, en el mes de octubre, programo con entusiasmo, incertidumbre, miedo y certeza este taller presencial vivencial, donde la técnica y el ser son protagonistas, en la búsqueda de la autenticidad y la presencia que nos haga pertenecer a nuestra danza interna, profunda, existencial, y al mismo tiempo ser parte del baile flamenco tradicional puro y duro, bien conocido, padecido y disfrutado por aquellos que nos llamamos Flamencos.

             Esta vez, dentro de la nueva normalidad, fuimos parte de la cuarta edición en Sevilla, FlamenConsciente 2020 “dual”.

            Antes de la pandemia quedaban pocas plazas libres, vendría gente desde México, Puerto Rico, Argentina, Alemania, Austria, Portugal que, por supuesto, no pudieron viajar teniendo que cancelar sus vuelos y deseos de participar con mucha frustración y pena, tal como me manifestaron en sus correos o mensajes.

             Admito que estuve a punto de cancelarlo, pero la vida, grande, sabia y maestra, ante quien he aprendido a rendirme, luego de desafiarla y resistirme; durante casi todos los años que llevo transitándola, me muestra el camino siempre con un destello intuitivo que, en este caso, me indicó hacer el taller con quienes pudieran llegar a Sevilla “hay que trabajar con quienes puedan venir”.

            Dos mujeres, una del norte y otra del sur de España. Una, con la energía del agua oceánica y bravía: la gran inmensidad que nos abraza y en su amor infinito nos limpia arrastrando y guardando en sus profundidades nuestros desechos malolientes y putrefactos, sin la cual, es imposible nuestra existencia en el planeta. La otra, portadora de la energía del sol brillante y cálido, rey soberano del Universo alrededor del cual todo gira y es capaz de reducirnos a cenizas cuando intentamos batallar contra él, nuestro ego.

            Por eso rebauticé a este taller Flamenconsciente “Dual”, no solo porque fueron dos, sino por la energía que ellas traían consigo, algo que confirmé cuando miré dentro de sus arquetipos. La del norte portaba consigo la energía inconsciente de la luna como regidora de la marea y las brumas del poderoso Neptuno; la que venía del sur, por supuesto, relucía por dentro y rebasaba por fuera la luz del sol. Digo “por supuesto” con una media sonrisa en la boca, porque cuando la vida me confirma de esta manera, mi comisura derecha sonríe y la izquierda llora de felicidad, sorpresa, gratitud y rendición.

            Mientras me lavaba los dientes pronta para salir al sitio donde trabajaríamos durante todo el día, me detuve en el espejo y me escuché decir: “este taller es para ti, vívelo también como parte del grupo”.

            Algo dentro de mi necesitaba hacer este taller con ellas, las conocía a ambas por separado y confiaba en que, entre ellas, regularían en su potencia, polaridad y diferencias. Pero también sabía que esa dualidad era la que necesitaban integrar en algo con movimiento dual e integrador, mediante la fuerza transformadora que licúa, depura y reduce a su núcleo esencial, allí fue hacia donde nos dirigimos, sabía -como les dije- que yo tenía algo que aprender de ellas.

             Lo que viví me recordó a las primeras experiencias como alumna en grupos de crecimiento, aunque esta vez, la información que me llegó no fue para mis asuntos personales, sino para que sea utilizada en mi trabajo con otros, comprendí que FlamenConsciente es muy grande, porque el Flamenco lo es y porque la Conciencia lo es, yo, soy solo un canal, mi única labor es mantenerlo abierto, sintonizado y disponible.

            Suelo anclar este taller en ritmo de tangos; son muchas horas donde confluyen muchas individualidades y regulo la intensidad trabajando con un palo ligero. Desde que comencé a hacer este taller hace cuatro años, me ha ocurrido siempre, en cada edición, que una persona se va porque no buscaba mover “tanto” sus emociones. Sé por experiencia, que las personas que bailan flamenco están, de algún modo, viviendo una transición en la que pasan de aprender solo la técnica a ir integrando el mundo emocional; percibo cómo se van acercando tímidamente a mi trabajo con ganas de buscar la verdad en su baile, y en este camino, al descubrir que parte de esa verdad es atravesar su herida, reculan.

            Sin ninguna regulación me entregué a lo que la vida me traía con estas dos mujeres potentes y confiando en ellas les propuse sin tener nada planeado, poner todas mis herramientas a su servicio. Como alumna vuestra y al mismo tiempo guía, hice mi pedido y ambas estuvieron de acuerdo: “Me apetece trabajar este taller por Soleá ¿estáis de acuerdo?”. Eso fue todo lo que supimos.

            Le dediqué un apartado entero a la Soleá en El Flamenco Mi Inspiración desde mi propia experiencia emocional, para quien quiera dar un repaso. Cuando creamos una clase o un taller procuramos darle un cierre, es como una historia con presentación, nudo y desenlace. Mover la energía de la Soleá es asumir abrir una puerta muy profunda a inconsciente que no va a cerrar, porque la Soleá se lleva con uno, no se resuelve.

            Comprendí que este taller no tenía un final, que era un principio, un camino hacia abajo que solo tendría profundidad. Con el andar del día no solo surgía el cansancio sino también “cosas” que se movían por dentro. Sensaciones muy claras en el cuerpo que, en el pasado, se habían mandado al sitio del olvido y la negación. Se estaban volviendo a sentir como dolorosas, punzantes y retorcidas. Vivencias corporales de la infancia que, como niñas, no se pudieron gestionar y como adultas, se volvían a sentir, mirar y acompañar.

            La energía que ambas venían a trabajar, a la que yo me unía, era dejar de negar la furia que nos provocaba no ser quienes sutil e intuitivamente nos sentíamos ser, volver sobre nuestros pasos a ser quienes somos y no quienes nos dicen ser. Aquello que se sabe intuitivamente en el cuerpo y que no se puede nombrar pero que aprendemos a llevar, como cuando bailamos por Soleá. Es reconocer la herida silenciosa de nuestra niña y asumir que se sana, cuando evolucionamos al adulto ayudando a otros a sanar la propia.

            Mi agradecimiento a las personas que, no viniendo, estuvieron presentes en su ausencia. Gracias a que todo fue como fue, subí un escalón más al conocer la profundidad de este trabajo que, asimismo, nos eleva a la altura del corazón, donde la mirada del amor incondicional nos permite ver nuestra oscuridad y llevarla a la luz.

            Porque si me preguntáis qué es para mí la Soleá, es justamente esto que ahora puedo nombrar con claridad: La Soleá es sentir mi oscuridad y con abnegación, llevarla a la luz del escenario de la vida.

La India

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