Tu arte es tu capacidad de amar

Tu arte es tu capacidad de amar

Tu arte es tu capacidad de amar.

«La Alegría del Corazón es la Vida del Alma.»
Padre Pío

            Gracias por darme la oportunidad de compartir, una vez más, este sentimiento de Unidad que siento contigo y con tu arte.
La vida nos une a las personas en lo que siempre permanece, «El Amor». Y es el Amor que yo siento en mi corazón desde el día en que nos miramos y nos reconocimos como Esencia y seres de Amor. Esto fue hace algunos años, en La Plata (Argentina), en una experiencia terapéutica de crecimiento personal con un grupo con el cual compartimos momentos de llanto y de alegrías, como en la vida misma, momentos duros de reconocimiento de nuestras faltas, debilidades, miedos y rabias.
Fuimos capaces, entonces, de mirar dentro, de amarnos dentro, en esos espacios mágicos, fantasmáticos y simbólicos que vivimos profundamente y que tanto nos unieron.
Permanecer en un camino estructura nuestra vida, y es esto lo que tú has hecho con tu creatividad, confianza y amor.
Este libro es el fruto de las semillas plantadas desde que naciste a la vida y empezaste a danzar. Y en esto continúas, danzando a la vida como un Derviche que gira, gira y gira. Y en cada giro encuentra a Dios.
El padre y la madre nos dan la vida en un acto de Unidad, y es a esta Unidad a la que tenemos que agradecer y conmemorar en cada instante de nuestra vida.
El padre nos da estructura y dirección y la madre contiene el contenido y lo alimenta. El contenido es la Chispa Divina que todos tenemos dentro de nuestro corazón cuando nacemos a esta vida.
Éste es el sentido de la vida: desarrollar nuestra parte Divina; y es esto lo que tú haces con tu baile, con tu arte, con tus clases, con tu vida y con este libro. Nos contienes y nos alimentas. Esto eres tú para mí: Mujer, Madre, Bailaora de la Vida, Maestra, Creadora de Arte, que contienes y alimentas lo que siempre permanece -El Don Supremo: El Amor-.
Fe, Esperanza y Amor es tu poder personal, y es esto lo que muestras en este libro. Tu inspiración Divina llevada a la concreto, a la Pasión que es el Flamenco, a la fuerza del corazón que es el FLAMENCO.

La vida nos une a las personas en lo que siempre permanece, "El Amor". Y es el Amor que yo siento en mi corazón desde el día en que nos miramos y nos reconocimos como Esencia y seres de Amor. Esto fue hace algunos años, en La Plata (Argentina), en una experiencia terapéutica de crecimiento personal con un grupo con el cual compartimos momentos de llanto y de alegrías, como en la vida misma, momentos duros de reconocimiento de nuestras faltas, debilidades, miedos y rabias.

              La INDIA, lo arcaico, lo inconsciente, lo profundo de la Tierra y lo trascendente que ilumina el corazón.
Silenciosos susurros del Corazón, la Comunicación Intuitiva es tu arte. Tus movimientos y el sonido de tu voz,  los giros de tus manos y la firmeza de tu taconeo reflejan en tu cuerpo y en tu alma lo que sientes cuando escuchas el sonido de una guitarra y una canción.

Afirmemos juntos, por un mundo mejor:
Mi centro es mi mundo interior.
Yo soy uno con toda la creación.
Todo está energéticamente conectado.
Yo confío en mi intuición.
Mi consciencia se desarrolla gracias al amor.

Gracias a la Vida.
Gracias a André y Anne Lapierre.
Gracias a Gladys Roscioli.
Gracias a La INDIA, que siempre está en mi Corazón.

Víctor Manuel García Serrano
Analista corporal de la relación

Cuarentena emocional

Cuarentena emocional

La Madre Tierra, en su sabiduría, nos propone un proceso de sanación. Debemos quedarnos en casa por nuestro bien, aprendiendo a hacernos responsables de lo que cada quien tenga dentro, confrontándonos así con el miedo, la violencia y el caos.

Cuando el ser humano se hace adulto, debe restituir a la madre por los cuidados que él mismo recibió de niño. Nuestros padres merman en sus facultades, puede que no caminen, que no piensen bien o sí, pero el cuerpo no les acompaña y por un motivo u otro necesitan asistencia. A nuestra madre tierra se le están vaciando los nutrientes, ella nos ha dado tanto, nos lo ha dado todo y ahora, necesita ser cuidada y amada por nosotros. Nos lo ha estado avisando, pero ahora está comenzando a actuar con este síntoma que nos involucra a todos.La Madre Tierra, en su sabiduría, nos propone un proceso de sanación. Debemos quedarnos en casa por nuestro bien, aprendiendo a hacernos responsables de lo que cada quien tenga dentro, confrontándonos así con el miedo, la violencia y el caos. Cuando el ser humano se hace adulto, debe restituir a la madre por los cuidados que él mismo recibió de niño. Nuestros padres merman en sus facultades, puede que no caminen, que no piensen bien o sí, pero el cuerpo no les acompaña y por un motivo u otro necesitan asistencia. A nuestra madre tierra se le están vaciando los nutrientes, ella nos ha dado tanto, nos lo ha dado todo y ahora, necesita ser cuidada y amada por nosotros. Nos lo ha estado avisando, pero ahora está comenzando a actuar con este síntoma que nos involucra a todos.
Cuando cuidamos al planeta, cuidamos todo lo que hay dentro y nosotros somos una parte muy importante en su interior, como somos los únicos que pensamos, esta sanación depende de nosotros. Por eso, dentro de cada quien es donde tenemos que hacer la limpieza de ese sitio profundo y olvidado, donde escondemos una temible sensación de opresión, vacío, miedo o falta de sentido. Ha llegado el momento de arremangarnos para trabajar cada uno en sí mismo y entre todos.
La vida nos propone parar antes de seguir para aligerar la carga, limpiar y recuperar valores perdidos. Nos aísla del exterior alejándonos con esto de la competencia, la rabia. el qué dirán, la mirada juiciosa, el dinero frívolo, el sálvese quien pueda, el “primero yo y mis niños”, con la necesidad de guiarnos hacia la riqueza que mora en nuestro interior.
Cada quien, es una célula de la gran madre que tiene que sanarse a sí misma con el poder del amor, para detener esta metástasis pandémica o morir de miedo.Así de crudo y real. Estamos encerrados en una cuarentena emocional, pudiendo elegir entre ser parte de un proceso masivo de sanación o del pánico histérico que contribuya a la toxicidad, eso depende del nivel de consciencia de cada ser y de su libre albedrío. Es un proceso de transformación muy profundo, lo hayamos decidido por voluntad propia o no, que algunos los vivirán como un adolescente rebelde que se le obliga a entrar a una rehabilitación y otros, lo vivirán con aceptación y la madurez necesaria para finalmente dar un paso, aunque duro, hacia la evolución.
Cuando en el proceso personal que se da en consulta, miramos la cara de la verdad que hemos ocultado durante mucho tiempo, esa que oíamos gemir desde el fondo en un grito ahogado, que con el tiempo se ha ido alejando de la superficie de la consciencia y que de vez en cuando percibimos como un zumbido molesto al que le aturdíamos con más ruido, esa verdad con la que un buen día del proceso y después de atravesar resistencias, confusiones, negaciones y justificaciones, topamos, nos mira de frente y nos dice que hemos llegado abajo; que ya no hay más y que ahora solo resta flotar hacia arriba. Para nuestra sorpresa, cuando tocamos este duro punto vital lleno de dolor y tristeza real, nos libera. Porque ver libera y comprender da paz.
La vida, hoy, en su inmensa sabiduría nos está obligando a ir allí. La vida a través de la sociedad ya se ha pronunciado y nos dice:
“Ya no puedo esperarte más, tienes que ir allí a limpiar. Limpia, muere y renace. Hazlo ya y no lo pienses. Hazlo por ti, porque por amor a ti me amas a mí, atraviesa el miedo y llega al amor. Porque en el fondo, lo único que hay es amor siempre. El amor libera, el amor es vida, el miedo es muerte, tú eliges.”
Estamos confrontados a sanarnos por y con amor, no hay otra forma. Algunos elegirán irse y no seguir en este proceso de profunda y dura limpieza. Debemos honrar esta decisión y saber que los que se van, lo hacen para ayudar al trabajo de limpieza de los que se queden. Quienes mueran en esta pandemia, o permanezcan en el miedo, con violencia y pánico, les ha tocado la limpieza de la peor parte, desde allí nos recuerdan que su labor no debe ser en vano porque entre todos, estamos haciendo un gran trabajo. Ellos se están entregando de forma inconsciente, para ayudarnos a recordar el cambio de paradigma que ya está ocurriendo y que es un salto cuántico del miedo al amor.
Donde hay miedo hay muerte, toxicidad, odio y desconfianza; hay huida violencia y herida. De todo esto ya estamos hartos. La Madre Tierra nos viene indicando hace tiempo, que hay que hacer un gran cambio a la solidaridad, al servicio, al dar, al amar a todo y a todos. Por eso, antes de volver a salir hacia fuera dentro de unos meses, es necesario morir para poder renacer, para poder mirarnos a los ojos, ser amables y cívicos, cuidando y colaborando los unos con los otros para poder tomar la vida en toda su abundancia, porque la vida nos lo da todo, hasta las mejores experiencias para aprender, o las peores, eso depende de cómo puedas llevar esta experiencia a tu vida y hacer algo bueno con ella.
La India
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Lo Femenino

Lo Femenino

El pronombre personal Lo, antepuesto, da carácter impersonal a la palabra femenino, que deja así de ser un atributo de algo masculino para ser un adjetivo sustantivado que sirve para nombrar algo y no para describirlo. Con el Lo por delante, ya no se sabe de quién se está hablando en cuanto a género, es que no se trata ya de hombres o mujeres, sino de algo que lo atraviesa, va un poco más allá o más acá. Porque lo femenino es anterior a esta dualidad y al mismo tiempo una instancia superior a la que llegar.

Lo femenino impersonal, se refiere a un tipo de energía que no sería igual descrita si en su lugar dijéramos la femenina, en este caso, tendríamos que anteponer la palabra energía para que quedara claro que estamos hablando de un potencial. Por tanto, es válido decir que hombres y mujeres estamos hechos en parte de energía femenina, que nos abarca y nos contiene y necesitamos entenderla, porque solo se teme lo que no se conoce.

El feminismo, que como sociedad estamos experimentando, no es más que un llamado a la reflexión acerca de qué nos pasa con nuestro femenino interno. No necesitamos un patriarcado fuera para sentirnos vulnerables o dominados; porque si observamos con claridad, el límite lo ponemos desde dentro cada día al despertar, dejando de lado lo que nos pasa, lo que sentimos. Porque eso no importa, no vale, no es tan real como el dinero que tanto nos motiva tener en la cuenta a fin de mes, lo emocional molesta y mejor pasar página para olvidar como si no existiera. No sabemos cuidarnos y mirarnos con amor, esta es la energía femenina enferma dentro de cada uno de nosotros, que no confía en lo que sabe hacer: cuidar, contener, intuir, ofrecer, sentir, aceptar.

Lo femenino no pertenece al género femenino en exclusiva, lo femenino es parte de la dualidad que nos conforma. Lo femenino es suave y al mismo tiempo vulnerable pero intenso, meticuloso y sabio. Lo femenino es el sentimiento profundo que sabe, es el alma guardada en el segundo chacra; es fuerte, resistente, puede rasgarse, desangrarse, sufrir dolor físico y emocional, tan solo por entregarse al amor creando vida dentro de sí.

Lo femenino perdona, es incondicional, pasivo y abnegado, es la limpieza profunda del inconsciente.

Lo femenino es la historia pasada, la búsqueda que necesita de las murallas de la protección y la fuerza que conoce y sabe usar lo masculino. Esta es una energía diferente con cualidades opuestas, tajantes, vibrantes, expansivas, explosivas, activas, que repelen todo lo que pueda agredir, dañar o molestar a lo femenino, porque sabe perfectamente que el femenino es su núcleo y sin lo femenino pierde el centro.

Lo femenino es la noche oscura del alma; lo masculino es la luz que derrama fortuna espiritual. Lo masculino fluye e intercambia su conocimiento con la sabiduría del femenino, así se regula y calma la acción de su fuego para evolucionar.

Lo femenino sin lo masculino es solo una parte inconclusa que, como mujeres, nos deja a medias, débiles y demandantes. En los hombres que niegan su lado femenino, su masculino precario es una bomba de relojería sin control.

El matriarcado y el patriarcado es polaridad, rivalidad, guerra, separación, desprecio, un gasto de energía que deja a hombres y mujeres débiles, vulnerables, carentes y despojados de amor. A cambio les insufla miedo y donde hay miedo, no hay amor.

Lo femenino debe hacer lo que sabe hacer que es: abrirse, entregarse, relajarse y absorber para transformar dentro de sí a la humanidad futura, solo así se creará el nuevo ser cuyo género será el amor. Lo masculino es el guerrero que debe hacer lo que sabe hacer: usar la fuerza para proteger su interior, el nido, contra todo lo que amenace al nacimiento del amor.

Lo femenino es la parte emocional, lo que sientes en tu corazón. Lo masculino es el poder de expresarlo fuera con confianza y optimismo.

El poder del corazón es encontrar dentro de cada quien su matrimonio interior masculino-femenino, el cambio de paradigma vendrá después por sí solo, tú solo ocúpate de tu femenino.

La India

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Vivir para no morir, una historia real.

Vivir para no morir, una historia real.

Conocí a una persona que decía de sí misma tener baja autoestima, tenía un discurso autocompasivo, aunque ella intentaba que no sonara así. Había trabajado mucho lo emocional y lo espiritual desde los cuarenta años -momento en que según él, había vivido su despertar-  lo que me constaba por su amplio currículo en formaciones y experiencias de sanación.

En su actual momento se sentía sin ilusión, sin sentido, yo podía percibir en el fondo una búsqueda sin esperanzas, la búsqueda que como excusa de vida lo alejaba de la muerte. Deambulaba entre ciclos en los que se dejaba respirar catatónicamente para luego experimentar la vida, y decía sentir que cuando entraba a “la vida” no encontraba el sentido o la motivación que lo ilusionara a seguir en la aventura, no encontraba la fuerza para vivir y a esto él lo llamaba baja autoestima.

Había sido una persona que durante toda su vida se había negado a sí mismo ser una persona de baja estima yéndose a la polaridad, aparentando ante su medio relacional ser un tío fuerte y decidido con una estima brillante. Durante nuestro encuentro y con casi sesenta años, tomó contacto con que esto de la autoestima baja no era de este momento, sino que había sido desde siempre, pero que nunca antes había querido asumir. “Intento darme fuerza para no sentirme desvalorizado” me dijo, reconociendo que así había vivido su historia, esforzándose por darse valor para no sentir su pobre estima.Conocí a una persona que decía de sí misma tener baja autoestima, tenía un discurso autocompasivo, aunque ella intentaba que no sonara así. Había trabajado mucho lo emocional y lo espiritual desde los cuarenta años -momento en que según él, había vivido su despertar-  lo que me constaba por su amplio currículo en formaciones y experiencias de sanación. En su actual momento se sentía sin ilusión, sin sentido, yo podía percibir en el fondo una búsqueda sin esperanzas, la búsqueda que como excusa de vida lo alejaba de la muerte.

Desde luego era un hombre con una increíble fuerza espiritual que lo llevó a atravesar momentos de contacto con la muerte, dicho esto literalmente. Tenía una historia familiar muy dura, con una niñez desprotegida por la sobreprotección de sus padres y al mismo tiempo con la exigencia inconsciente de abastecer las expectativas de ellos. Criado como un niño especial y brillante, fue un adolescente rebelde al extremo de tontear con la muerte, provocándola hasta los límites de las drogas duras y la experiencia de vida que estas traen en la noche, la soledad, las relaciones y el vacío. Había vivido también alcoholismo, depresión y disfunciones sexuales que lo intimidaban en el encuentro con la mujer. Cuando yo lo conocí no había rasgos de todo aquello, se lo veía con una energía de amor, paz y armonía, es cierto que en su mirada había una historia de vida profunda y dolorosa, pero que no era diferente a la de cualquier adulto cuando miramos sus ojos en profundidad.

Me vino una reflexión que tomé también para mí, porque todos provocamos al “no vivir” que es esa muerte oscura, pegajosa, limitante que nos ahoga lentamente. Porque la muerte como evolución, es otra cosa, es sagrada, es entrega y es rendición. Llegamos a ella con la certeza de haber hecho todo lo que se ha podido con lo que se tenía al alcance, entonces sí es posible descansar en paz. El no vivir viviendo es muy diferente, la muerte en vida de la depresión como lo suelen diagnosticar, es un letargo mierdoso, oscuro y asfixiante.

Me pregunté cómo era posible que se desvalorizara tanto alguien con tanta fuerza, como para jugar provocativamente con la muerte sin importarle absolutamente nada, familia, trabajo, estudio, dinero ¡Nada! Porque nada lo detenía en su misión de saber hasta dónde podía tirar, solo aquel momento en que vio que, si daba el siguiente paso, si avanzaba solo un centímetro más, era el fin, moriría. En ese momento, en que vio a los ojos de la parca, recordó algo que le importaba, su Yo, su ego. La firmeza de su ego lo detuvo, ni su mujer, ni sus hijos –que para entonces ya los tenía- nadie ni nada, lo había detenido jamás, hasta sus cuarenta y tantos años de jugar con la muerte, solo su ego.

El mismo ego que luego de tanto dolor emocional y superación de trampas mortales, se vino arriba y le hizo creer que ahora era una especie de Superman iluminado, porque después de todo aquello, la vida había encontrado un pequeño hueco de luz en su corazón. Por eso, cuando yo lo conocí era luz, una sonrisa que venía más de dentro que de su gesto, con un aura de paz que contagiaba. Luego comprendí que no era su espíritu haciéndose consciente en él, sino su ego brillando como el sol y rey de la galaxia.

Después de aquella resurrección su ego comenzó a hacer lo que sabe hacer, hablar y hablar y a hacerle creer que ya había pasado lo peor de la vida y que ahora todo vendría a él, sólo se manifestaría; lo convenció de que él tenía el poder de crear lo que quisiera, algo así como soplar y hacer botellas. De alguna manera había pasado de la baja estima a la sobre estima, el mismo engaño, pero a la inversa, esperando secretamente hacer ahora cosas realmente grandes.

Pero no jugó con la vida de la misma manera que jugó con la muerte, no la llevó a la montaña rusa venciendo sus límites sin que nada le importara, no fue así. Jugando con la muerte no le importaba nada y pudo explorar los límites máximos de este plano, pero jugando con la vida comenzó a tener cuidados casi obsesivos, comenzó a importarle la imagen que daba, su éxito y sobre todo el dinero. Y esto es lo que experimentaba en el presente como baja autoestima, porque sentía que no había logrado encontrar sentido a su vida.

La fuerza que él tenía no podía verla, porque nada de lo que había hecho le había servido como experiencia. Solo recordaba que no había muerto y su ego había perdido la fuerza en aquella batalla, ya luego no pudo usar esa misma fuerza para ir hacia la vida, porque esta no le parecía tan grandiosa y excitante como muerte. La clara diferencia era que yendo hacia la muerte, la intensidad era vívida, su existencia era una montaña rusa y lo sentía con claridad en el cuerpo, junto con su caótico laberinto emocional que aquietaba con drogas. Pero yendo hacia la vida descubrió que no había indicadores externos, sino que estaban dentro, pero dentro solo le había quedado el miedo a la muerte de aquel día en que la miró cara a cara y decidió vivir para no morir, ese era todo su recuerdo: el contacto primario con el miedo donde había quedado fijado.

Ahora, como yo le dije, “solo te quedaba vivir por Amor”. Amor a ese ser que en su corazón había hecho todo para ser visto por él mismo, para ser reconocido por él mismo, y para ser valorado por él mismo. Necesitaba mirar su corazón y encontrar allí el amor que lo trajo a la vida y lo mantuvo con vida. Necesitaba dejar de mirar dentro, si solamente veía allí la herida que aún sangraba de miedo y abrir los ojos hacia fuera para ver en los demás, como su propio espejo, todo lo que había hecho y creado, porque allí estaba reflejado el sentido de su vida. Su mujer, sus hijos, su nieto, sus hermanos. Tal vez no fuera famoso o escribiera sus memorias, ni tampoco había creado algo destacado para la humanidad, pero con su vida apoyaba la vida de sus seres queridos y eso era amor, él sostenía la base del Castell de los que llegaron y llegarán más alto de su sistema.

Finalmente, mi querido Jean Marie, encontró su lugar en el mundo: su corazón en el corazón de los demás. Allí encontró la confianza en sí mismo y con esto su valía, se vio vivo y disfrutando de su cuerpo, gozando de su sexualidad y haciendo deporte a diario con una salud de hierro. Mientras con respeto y cuidado por la vida sigue buscando el sentido de la suya.

La India

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Una útil herramienta para el baile flamenco, que despierta sensaciones en el cuerpo.

Una útil herramienta para el baile flamenco, que despierta sensaciones en el cuerpo.

La técnica corporal consciente (TCC) es una herramienta transformadora que aporta y expande a modo de complemento, el baile flamenco. Durante años, me he encontrado con la necesidad de los alumnos de expresar todo lo que sienten en el baile, secretamente, esperan que esto ocurra cuando aprendan lo suficiente.

               En esto del sentir hay un primer paso y es percibir el cuerpo. Percibirse desde dentro es una simple idea, pero no sencilla de ejecutar y es el centro neurálgico de la técnica corporal consciente (TCC). La forma tradicional en la que hemos estado aprendiendo a bailar flamenco en base al esfuerzo, la copia y la repetición se integra a la presencia consciente, con el fin de buscar la comunicación entre el interior (sensaciones emociones) y el exterior (expresión artística).

La forma en la que vivimos se refleja en la forma en la que bailamos, vamos a altas velocidades persiguiendo el éxito con la necesidad de destacar para ganar un lugar, con esto nos distanciamos paulatinamente del sentir, amputándonos el cuerpo y con él las sensaciones, algo fundamental en el arte de quienes trabajan con el cuerpo y todavía más en bailaores flamencos como un arte que justamente nace de la necesidad de gritar el sentir ahogado de un pueblo.

Volviendo a la percepción corporal como primera instancia de esta TCC, hay tres preguntas que son necesarias responder para volver siempre al cuerpo:

Qué siento.
 Dónde lo siento.
Cómo lo siento.

Tres cuestionamientos a los que la TCC se remite, mediante los cuales, el cuerpo aprende a hacer los ajustes necesarios para reconocer ligereza, liviandad, soltura, agilidad, sensaciones estas que generan una emoción alegre y pensamientos optimistas en contraposición al esfuerzo, pesadez, bloqueo o escozor muscular, que expresan limitaciones y falta de recursos sensoperceptivos para el dominio del cuerpo, que detonan emociones cargantes y pensamientos de frustración.La técnica corporal consciente (TCC) es una herramienta transformadora que aporta y expande a modo de complemento, el baile flamenco. Durante años, me he encontrado con la necesidad de los alumnos de expresar todo lo que sienten en el baile, secretamente, esperan que esto ocurra cuando aprendan lo suficiente. En esto del sentir hay un primer paso y es percibir el cuerpo. Percibirse desde dentro es una simple idea, pero no sencilla de ejecutar y es el centro neurálgico de la técnica corporal consciente (TCC). La forma tradicional en la que hemos estado aprendiendo a bailar flamenco en base al esfuerzo, la copia y la repetición se integra a la presencia consciente, con el fin de buscar la comunicación entre el interior (sensaciones emociones) y el exterior (expresión artística).

Muchas veces con aprender la TCC se resuelven estas descalificaciones, juicios y peleas internas, incluida maltrato hacia sí mismo como: “no soy buena, debería dejar de bailar, no sirvo, todos lo hacen mejor”. Muchos alumnos y profesionales, sumidos en la exigencia y en dar la talla se pierden en la técnica y en el efecto, olvidando la parte emocional para darse cuenta mucho más tarde, que se han perdido. Por eso la TCC les ayuda a regresar, reaprender, percibirse y revisar aquellos pasos que tan perfectamente saben hacer pero que ya no sienten.

Somos energía viva y en movimiento, a veces es hora de detener la marcha, recalcular y utilizarla para expresar nuestra personalidad a palo seco, donde podamos sentir la completud del ser que transcribe su sentir en una forma artística. Es fundamental sentirnos a gusto con quienes somos a la hora de bailar, o al menos ser permisivos en esta investigación, para mostrarnos y mostrar nuestro baile libremente, sin filtros y con alegría.

Llevo años investigando en mí y en los cuerpos de las personas que han participado en mis clases; en 2017 esta técnica comienza a tomar forma mediante un sistema de vídeos tutoriales (70 en total) en el que el estudiante revisa con Paciencia y Consciencia sus movimientos, haciéndolos lentos, pausados, dando tiempo a la comprensión mental y física, luego graba su práctica  en un vídeo y me lo envía para que le haga una supervisión. Es una forma de ajustar los movimientos aprendidos en clase que ayudan a “darse cuenta”, notando la diferencia entre tironear el cuerpo y hacerlo fluir. Con la TCC el alumno descubre naturalmente pequeñas modificaciones en los movimientos, que tienen que ver con la conciencia del peso, el eje de equilibrio corporal, la intención emocional y la atención mental. Aprendiendo a integrar cuerpo, emoción y mente, no persigue el éxito o la brillantez de su baile perfecto, sino que busca sentirse dentro del movimiento que está creando. El alumno, logra comprobar y notar cuándo trabaja con los beneficios de la percepción y cuándo regresa a la búsqueda de la perfección. Poco a poco en este vaivén va construyendo nuevas percepciones que van quedando grabadas en la memoria muscular, haciéndose presentes y conscientes, mientras sigue buscando e investigando su baile, este va mutando y haciéndose carne.

Así, a la técnica corporal del baile flamenco que conocemos desde siempre, se le agrega un aspecto fundamental que pone en relieve la diferencia entre la frustración y la gloria: la consciencia. Aporte que recibo de mi formación en técnicas corporales terapéuticas desde 1995, como parte de mi biografía y de mi forma de dar clase desde entonces, que con los años y continuadas formaciones he ido puliendo y solidificando, haciéndose altamente probadas en muchas personas que, gracias a esta forma de percibirse, han vuelto a bailar.

Esta técnica necesita tiempo, lentitud e individualidad. Algo que no es posible en las clases de técnica habitual, por ello, considero que el alumno necesita parar, centrarse y observarse, para que de este modo pueda re circular la energía del movimiento que provoca los bloqueos.  Esto también cambia la perspectiva de quien enseña, no solo la actitud del alumno debe bajar de cien a cero, el maestro debe dar pautas y sugerencias, mientras que el alumno es quien hace el camino dentro de su propio cuerpo.

La dinámica de la clase se modifica también, ya que no hay niveles. No es tan importante cuánto sabe el estudiante hacer, cuántos bailes tiene montados o cuántas veces ha subido a un tablao, sino cómo lo hace. Porque en ese cómo, está la gestación de la frustración creativa, bloqueos, miedos escénicos a la exposición o al juicio, de los que tantos alumnos son víctima en estos tiempos, sin decirlo ni compartirlo con los propios compañeros precisamente por el miedo a esta pseudodescalificación externa que solo habita en su propia mente.

Así es como en una misma clase puede encontrarse tanto un alumno que recién comienza y aprende a utilizar conscientemente la técnica tradicional del baile flamenco desde el principio, como un alumno con un bagaje de información acumulada en años, que sienta la necesidad de ir más allá y de darse tiempo. La clase de TCC permite al alumno bajar el ritmo para comprender: qué hace, cómo lo hace, dónde lo hace, qué sensación encuentra en su cuerpo. Por eso, subrayo la importancia en la actitud del alumno, a estar dispuesto a volverse hacia dentro, en vez de compararse en secreto espiando en el espejo.

Me han dicho más de una vez “ahora siento que vuelo” al darse cuenta que con la TCC sus piernas se hacen ligeras al ejecutar una escobilla; para dar con este descubrimiento tal vez, haga falta toda la clase, y a veces no alcanza, ya que es el alumno quien debe seguir la investigación por cuenta propia. Pero una vez que ha levantado vuelo se siente feliz. Alcanza la seguridad que todo alumno anhela sentir en su cuerpo para entregarse a lo que su corazón siente.

Aquí es donde la TCC se vuelve un complemento indispensable. El goce que experimenta quien lo realiza, al sentirse libre dentro de su cuerpo, lo expande, potencia el resto de sus clases y los momentos de actuaciones; le aporta comprensión y la comprensión le da paz.

En estos tiempos de tanta velocidad e intensas masterclass me atrevo a proponer lentitud y dar tiempo, para volver a recomenzar atendiendo a las sensaciones y las emociones junto con la técnica.

Si quieres hacer la Formación en TCC en Sevilla del 15 de octubre al 15 de noviembre infórmate en este enlace

Descarga aquí el Dossier informativo de Técnica Corporal Consciente para el baile Flamenco, si quieres organizar un curso en tu academia.

La India.

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